La reforma al sistema de justicia penal que no llega

Junio de 2008: Después de una serie de declaraciones triunfalistas, se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto por el que se reformó el texto constitucional en lo relativo al sistema de justicia penal. Individuos de la clase política mexicana tomaron crédito por “haber sacado adelante una de las muchas reformas que el país necesita”. Se prometió un fin a las miserias del proceso penal para cambiarlo por uno que después fue llamado (y vendido cual joya de la mercadotecnia) como sistema penal acusatorio, como si el anterior no previera a una parte acusadora y una acusada. Oralidad, presunción de inocencia y reparación del daño fueron algunas de las ofertas.

En el foro, los litigantes en materia penal escucharon con incredulidad la noticia. Los servidores públicos beneficiarios del status quo que fomenta la corrupción y la impunidad no cayeron en pánico… mucho menos corrieron a recibir capacitación.

Sólo un puñado de juristas se dio a la tarea de analizar en ese mismo mes el texto constitucional reformado y lo que vulgarmente se conoce como la “letra chiquita” del decreto. Advirtieron en primer lugar que la reforma no estaba prevista para entrar en vigor sino hasta junio de 2016 y que su implementación precisaría millones de pesos en capacitación, construcción de infraestructura y creación de órganos jurisdiccionales.  Este último aspecto llevó a los integrantes de la “gran familia judicial” (así como a quienes aspiraban a formar parte de dicho grupo de poder) a frotarse las manos.

Además, quienes analizaron con seriedad la reforma, generaron una serie de críticas y cuestionamientos oportunos, muchos de ellos aún sin respuesta. El caso mexicano, no será igual al estadounidense o al chileno, indicaron.

Febrero de 2011. El estreno en salas de cine comercial del documental ‘Presunto Culpable’ llevó el tema de la reforma a prácticamente todas las mesas de conversación en el país. La inepcia de los agentes del Ministerio Público, la insolvencia moral e intelectual de los juzgadores, las así llamadas lagunas de la ley, etcétera, fueron ventiladas con vehemencia.

[Leer más: Presunto Culpable: Censura en México a polémico documental]

El frenesí mediático (acompañado de los intentos de censura, justamente a cargo de la “gran familia judicial”) avivó el clamor por una reforma al sistema de justicia penal. El sistema penal acusatorio era ahora parte de la “canasta básica” o mejor dicho, del wishlist de la sociedad mexicana. Para fortuna de los deseosos, la implementación de la reforma en todo el país ya estaba contemplada… abogados que nunca han argumentado oralmente en un proceso penal ya daban cursos de capacitación a servidores públicos y litigantes; doctrinarios que nunca han puesto un pie en un juzgado dedicaban uno o dos párrafos en sus obras a la reforma, o de plano incluían el texto reformado con un par de comentarios para engrosar sus publicaciones; gente que nunca ha pisado un centro de readaptación social se inspiró en la obra cinematográfica mencionada para hacer un llamado al reordenamiento de las cárceles, inspiración que duró un par de semanas en los mejores casos.

Julio de 2015. La segunda fuga de Joaquín Guzmán Loera (el hombre más buscado del mundo al momento de su reaprehensión) de un centro penitenciario llamado “de alta seguridad” le recordó a la ciudadanía sobre la carencia, corrupción y autogobierno de los centros penitenciarios del país. Evidenció que los centros federales de ninguna manera son la excepción. La readaptación social, llamada reinserción a la sociedad por la reforma al sistema penal, figuró nuevamente en la agenda, igual, por un par de semanas.

[Leer más: El fracaso del sistema penitenciario en México]

La realidad en septiembre de 2015

Nos encontramos aproximadamente a 10 meses de que el sistema penal acusatorio deba entrar en vigor en todo el país, en procesos penales tanto del fuero local como del federal. En los asuntos del fuero local en la capital del país, los litigantes (defensores y representantes de víctimas) siguen trabajando como antes de que se anunciara la reforma, en un proceso penal predominantemente escrito, donde es normal que el juzgador no esté presente en la audiencia, donde se niega el desahogo de pruebas ante él y donde las desahogadas ante el agente del Ministerio Público son valoradas como irrefutables para declarar la responsabilidad del procesado.

Las confesiones (aunque obtenidas mediante tortura) hacen #VerdadHistórica.
Las confesiones (aunque obtenidas mediante tortura) hacen #VerdadHistórica.

Un proceso penal que fomenta la integración de averiguaciones previas de miles de fojas contenidas en diversos tomos, que contienen diligencias tan risibles como el desahogo de dictámenes periciales para contar numerario, entiéndase, para que un “experto”¡cuente dinero en efectivo! y que el agente del Ministerio Público tenga certeza de la cantidad que tiene a la vista (aunque sean mil pesos).

El galimatías de toda averiguación previa es ocasionalmente descrito por líderes de opinión, sin que sus palabras trasciendan al día de la publicación o a las “acciones de gobierno encaminadas a implementar la reforma”. Un claro ejemplo puede encontrarse en lo escrito hoy por Carlos Puig:

Estamos acostumbrados al desaseo, la falta de rigor, las confesiones como prueba reina sin importar lo que en éstas se diga. Hay un déficit en las investigaciones, en todas, que se refleja en nuestros índices de impunidad. Ministerios Públicos e investigadores inundados de expedientes que nunca se investigan. Jueces que no leen las acusaciones, cárceles con más procesados que sentenciados.

El comentario de Puig fue motivado por el reciente interés de la sociedad en una averiguación previa, la integrada con motivo de los funestos acontecimientos ocurridos en Iguala en septiembre de 2014. Retoma además otros casos que han ocupado la agenda pública (Tlatlaya, Tanhuato, etcétera), en los que las “bondades” del sistema penal acusatorio se ven lejanas y en las que se evidencia que la implementación no está ni cerca de llegar.

Una prórroga para la implementación de la reforma es al parecer la salida que el Estado ha escogido para paliar esta crisis. Una evasiva que a la usanza de la política mexicana sirve para “salir del paso” y para enmascarar todas las deficiencias de planeación en un tema que no es menor y que sólo se recuerda en momentos de barbarie (o de ridículo, como en el caso de la fuga de Guzmán Loera). La rendición de cuentas sobre dichas deficiencias, para no variar, es impensable.

En conclusión

El sistema de justicia penal en México, previo a la reforma de 2008, se encontraba viciado por una serie de prácticas que favorecen la impunidad y que hacen virtualmente inexistente el acceso a la justicia para las víctimas del delito.

Dicho sistema sigue utilizándose en septiembre de 2015 y su inoperancia ha quedado patentizada con los casos más emblemáticos de la agenda pública en historia reciente del país.

Lo que ha sido identificado como el sistema penal acusatorio (como si la acusación fuera novedosa en la justicia penal mexicana) se presentó como la innovación jurídica que se necesita. Los preparativos de su implementación han representado erogaciones multimillonarias por parte del Estado, sin que en este punto sea posible evaluar sus consecuencias.

Sólo después de que la reforma sea implementada (si es que ello ocurre) podrá valorarse si en efecto los juicios penales son orales (no leyendo alegatos) en presencia del juzgador, observando la presunción de inocencia de la persona imputada y reconociendo plenamente los derechos de la víctima, favoreciendo la reparación del daño. Los encargados de poner en marcha la reforma recibieron un cheque en blanco y pronto será momento de exigirles que rindan cuentas, pues hemos adquirido el conocimiento empírico de que no lo harán por voluntad propia.

A la espera de que llegue el "sistema penal acusatorio" a acabar con todos nuestros males.
A la espera de que llegue el “sistema penal acusatorio” a acabar con todos nuestros males.

Septiembre 9 de 2015.

 

TRC

©

2 comments

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s