Después de Ayotzinapa: Día 60

Me han reprochado algunos lectores por no haber abordado el tema de Ayotzinapa en este espacio, aun cuando he participado activamente en una cobertura especial que Global Voices ha dado al asunto en cuestión. No obstante, el día 60 desde que ocurrieron estos funestos acontecimientos me motiva a compartir con usted las siguientes reflexiones.

 

Lo que sabemos:

 

43 estudiantes, 43 personas, seres humanos con nombre y apellido desaparecieron después de hechos violentos ocurridos en Guerrero, una de las entidades asoladas por la acción de la delincuencia organizada (y la no organizada también) en México. Adicionalmente, otras personas perdieron la vida en estos hechos mientras que otras fueron lesionadas, algunas gravemente.

Sabemos que los hechos fueron perpetrados por agentes de policía y presuntos integrantes de un grupo delincuencial identificado como “Guerreros Unidos”, que supuestamente era liderado por una persona del sexo femenino de nombre María de los Ángeles Pineda (identificada en redes sociales como #LadyIguala), esposa de José Luis Abarca quien, fungía como presidente municipal de Iguala.

Se dice que #LadyIguala sostenía una relación sentimental con Ángel Aguirre Rivero, otrora gobernador de la entidad. Este trío de impresentables personajes emanó de las filas del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Con la mierda hasta el cuello. Cartón de Rocha para La Jornada.
Con la mierda hasta el cuello. Cartón de Rocha para La Jornada.

Aguirre Rivero fue orillado a pedir licencia y dejar el cargo (sin haber rendido cuentas hasta el momento), mientras que Pineda y Abarca huyeron de la entidad para ser aprehendidos 39 días después de que ocurrieron los hechos violentos que presuntamente ellos orquestaron.

 

Lo que no sabemos

 

Se desconoce el paradero de 43 de los jóvenes estudiantes de la “Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa. Hace varios días, Jesús Murillo Karam, titular de la Procuraduría General de la República, informó sobre testimonios de los presuntos autores materiales que indicaban que los estudiantes habían sido privados de la vida y que sus restos habían sido calcinados, pulverizados y lanzados a un río.

No sabemos si esa versión, la versión oficial, corresponde a la verdad histórica de los hechos; tampoco sabemos si las personas que rindieron dichos testimonios lo hicieron en la presencia de su abogado (o algún defensor público), con la observancia de las formalidades esenciales del procedimiento.

En términos reales, tampoco sabemos si Abarca y #LadyIguala (que conforman la así llamada Pareja Imperial) efectivamente son los autores intelectuales de estos actos sangrientos y despiadados, ni conocemos los intereses que alguien podría tener para ordenar la privación de la libertad y de la vida a un grupo de jóvenes, que, dicho sea de paso, pertenecen o pertenecían a una institución históricamente vinculada con la protesta social, la oposición al gobierno (el que sea) y tácticas combativas que rayan en lo radical, por decir lo menos.

 

Lo que debe preocuparnos

Los hechos aciagos de Ayotzinapa que hoy cumplen 60 días de haber ocurrido funcionaron para que la sociedad mexicana (el gobierno incluido) cobrara un cheque de realidad. Con todo y las muy cacareadas “reformas estructurales” que ha impulsado el régimen priísta que está al frente del gobierno federal, México no es el paraíso de la inversión energética que el presidente quiere proyectar hacia el exterior, ni el santuario del desarrollo que su gabinete quiere promocionar.

México es en cambio, el país donde la gente puede morir quemada y triturada a manos de la delincuencia o a manos de agentes del Estado, sin que algún servidor público de alta jerarquía rinda cuentas y (en su caso) enfrente las consecuencias penales correspondientes. Sigue siendo pues, el lugar en el que la clase política en su conjunto protege a sus intereses primero y a sus miembros después, dejando al Estado de Derecho y a la ciudadanía misma en un lejano tercer plano.

La desaparición de los estudiantes (o su muerte, si es que ése es el escenario) refleja una descomposición social profunda, fermentada por una clase política voraz e impune, así como con una ciudadanía que con vehemencia levanta la mano para protestar contra el despotismo y el abuso, pero que es ajena a la autocrítica, incapaz de asumir las responsabilidades que le corresponden. O ¿por qué la gente no se ha volcado en contra de la delincuencia? ¿Por qué la protesta social se enfoca a culpar a los agentes del Estado (evidentemente corresponsables) pero no contra los delincuentes y las actividades que les brindan sustento como el contrabando, la piratería?

Una vez más, la cultura de la ilegalidad que impera en el país cobra víctimas, mientras que el Estado echa a andar la maquinaria de simulación, que simplemente le apuesta a que el escándalo en turno sea olvidado, reemplazado por uno de mayor actualidad en espera de que la amnesia colectiva surta efectos.

Violencia para protestar en contra de la violencia. México.
Violencia para protestar en contra de la violencia. México.

Debe, en mi opinión, preocuparnos que mientras la ciudadanía no dé la espalda a la cultura de la ilegalidad, mientras siga acostumbrada a resolver sus problemas cotidianos con corrupción e ilicitud, permaneciendo apática a las precarias herramientas democratizadoras a su alcance (el derecho al voto, el derecho de acceso a la información, entre otras), hechos como los acontecidos en Guerrero, que hoy recordamos con tristeza, no sólo continuarán sino que aumentarán en cantidad y en magnitud de la violencia.

 

De salida

 

Se rumora sobre la ejecución durante esta semana, de acciones inmediatas por parte del Poder Ejecutivo federal para atender la crisis generada por el caso Ayotzinapa. Podría tratarse de cambios en el roster que lidera el Secretario Osorio Chong o incluso el lanzamiento de alguna estrategia similar al caduco “Pacto por México”.

Estimo que un “enroque” o la salida negociada de algún miembro del gabinete no es suficiente para hacer frente a la situación. La suscripción de un acuerdo más, que como muchos otros textos terminará siendo letra muerta, sería otro cínico intento de tratar de minimizar los problemas del país con demagogia y retórica barata, ésa que nos ha brindado la clase política del país ad nauseam con frases de ornato entre las que se encuentran la “reconstrucción del tejido social” y el “estricto apego a derecho”. Estaremos, sin embargo, atentos a lo que surja.

 

Noviembre 25 de 2014.

 

TRC

©

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