Hablemos de trata de personas

Me referiré a un tema muy polémico y delicado que (en mi opinión) es erróneamente tratado tanto en los medios de comunicación como en los discursos políticos y ¿por qué no? en las conversaciones cotidianas de los mexicanos: la trata de personas con fines de explotación sexual.

Primero ¿por qué es tratado erróneamente? En el plano político es utilizado como un adorno de los discursos y de los planes y programas públicos, al igual que los términos de “transparencia” y “rendición de cuentas”. Es políticamente correcto incluirlos por cualquier razón (en el caso de la trata de personas lo políticamente correcto es, desde luego, condenarla y decir que se están tomando acciones para erradicarla), pero sus implicaciones son raramente analizadas. Las causas casi nunca son referidas ni se identifica con claridad a todos los responsables.

Al ser un tema que se relaciona con hábitos sexuales, es natural que haya quienes no tienen interés en profundizar en el debate público, ya sea por temor a que se indaguen o se cuestionen sus propias preferencias o que queden al descubierto las de personajes relevantes… o de la mayoría.

Lo que hay que diferenciar

Se presume (en algunas ocasiones con orgullo) que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Hay personas que la ejercen voluntariamente, incluso sin incurrir en ilegalidad alguna (hay ciudades donde la prostitución es delito, hay otras en las que no lo es pero está incluida como una falta administrativa). Mientras existan las necesidades sexuales en la especie humana, existirán quienes estén dispuestos a satisfacerlas a cambio de dinero, ello es inevitable. La gente que ejerce la prostitución voluntariamente tiene derecho a hacerlo y naturalmente tiene derecho a que existan las condiciones legales que le protejan.

Es extraño tener que aclararlo, pero una persona que se dedica al trabajo sexual sí puede ser víctima de violación (¡Hasta hace pocos años, mucha gente en México estaba convencida que entre cónyuges no podía actualizarse el delito de violación!) Por lo tanto deben garantizarse las condiciones para que ante un caso de violación o cualquier delito, el trabajador sexual pueda tener acceso a la justicia y a la protección a víctimas con todo lo que ello implique.

Las personas que son sometidas a condiciones de esclavitud sexual, que son obligadas a ejercer la prostitución para beneficio económico de quien le obliga, o bien, para placer de éste, merecen desde luego acceso a la justicia. El Estado además está obligado a garantizar que el aparato de seguridad pública evite efectivamente que la trata de personas ocurra (así como está obligado a evitar que a usted le roben el automóvil, que le defrauden en una “preventa inmobiliaria” o que le priven de la vida saliendo de una cantina). Es, dicho sea de paso, una obligación que el Estado Mexicano es omiso en cumplir.

Las causas

¿Por qué existen personas que son sometidas a trata con fines de explotación sexual? Es esta quizás la pregunta que genera las respuestas más incómodas para una sociedad acostumbrada a una “doble moral”, como la nuestra:

  • Porque hay millones de personas dispuestas a pagar por tener sexo con menores de edad, con “güeras europeas” o “trigueñas sudamericanas”, sin menor interés en las circunstancias que las traen al país a ejercer el trabajo sexual, ya sea en una casa de seguridad o en un motel barato.
  • Gemma Lynx #rebel Canada
    Webcam model @GemmaLynx

    Porque al igual que hay quien quiere pagar, hay quien quiere que le paguen por su cuerpo. Ya sea por enseñarlo a través de las redes sociales o utilizarlo para satisfacer las necesidades sexuales de otro. Mientras existan niños, niñas y personas adultas únicamente interesadas en alcanzar la fama y hacerse millonarias de la noche a la mañana (siguiendo el ejemplo de varias “estrellas”), existirá el riesgo de que caigan en las redes de trata que tanto dinero hacen.

  • Porque la trata de personas, como todos los delitos que se cometen en México, alimenta el sistema corrupto y putrefacto de procuración y desarrollo de la justicia. Muchos agentes del ministerio público, jueces y otros servidores públicos adscritos a los juzgados, se mantienen de ese sistema de justicia selectiva en el que se condena a quien no tiene dinero para pagar sobornos o a quien simplemente “le toca”. Lo mismo ocurre con los servidores públicos que desarrollan funciones administrativas de verificación o inspección, que reciben millonarias cantidades de dinero y también servicios sexuales a cambio de permitir la operación de prostíbulos o burdeles disfrazados de lo que se ha identificado como “giros negros” donde (en algunos casos) la trata de personas es ejecutada.

Ante ese panorama toda la sociedad tiene algo qué hacer. Los jefes de familia deben trabajar en rubros como la educación de los menores para lograr erradicar la idea de que un hombre rodeado de putas, alcohol y autos lujosos es un hombre cool o exitoso. Lo mismo va para la idea de que el pole dancing y el twerking (con sus variantes latinas) son prácticas benéficas y recreativas (al cabo que Miley Cirus lo hace, al igual que Britney Spears antes que ella ¿qué no?).

A parte, debe buscarse el fortalecimiento de los esquemas jurídicos que permitan no sólo llevar ante la justicia a los tratantes de personas, sino reaccionar enérgica y severamente contra los servidores públicos que les permitieron operar y aquellos que ilegalmente los ponen en libertad, incluso después de que son aprehendidos en flagrancia.

¿Quién defenderá a los usuarios?

Por último debemos referirnos a los usuarios de servicios sexuales. Ellos también merecen un marco de protección de las normas jurídicas, siempre que su consumo sea legal. El reto no es menor ya que en un país donde la gente orgullosamente se dice guadalupana, ¿Quién cometerá el “suicidio político” de enarbolar la causa de los amantes del table dance, los spas y todas las otras denominaciones que tienen las caricias pagadas? Lo más probable es que nadie lo haga.

Pero eso no significa que quienes pagan por ver a una mujer desnudándose voluntariamente al ritmo de la música deban correr el riesgo de ser aprehendidos en uno de los operativos que cada vez son más comunes para “combatir” la trata. La realidad es que las personas que gustan de consumir estos espectáculos o servicios merecen un esquema de certidumbre, que les garantice que al ir a un centro nocturno, pagar por un baile privado o incluso pagar por un encuentro sexual, no implica violación a ordenamiento legal alguno.

Por el contrario, esas actividades deben pasar a la formalidad y a la regulación, para beneficio de todos los involucrados y sin pasar por alto temas de higiene o salud pública inherentes a estos quehaceres.

Lo que ya “no se vale”

❶ Rehuir al debate sobre las causas e implicaciones de este delito. Tampoco es aceptable ya hablar demagógicamente del tema, para “quedar bien” ante grupos específicos.

❷ Generalizar para decir que todas las víctimas de trata son “inocentes creaturas” que cayeron en el engaño y la promesa de fama y fortuna.

❸ Generalizar para afirmar que todos los usuarios de servicios sexuales fomentan la trata de personas.

❹ Promover educación y valores basados en estereotipos de glamour, exceso y sexismo. Tampoco es válido dejar de reconocer como responsables a quienes por omisión han permitido que sus hijos o dependientes se conviertan presa fácil de los tratantes y los delincuentes sexuales.

❺ Tolerar a los servidores públicos que incurren en corrupción para permitir la operación de establecimientos en los que se delinque; tolerar a servidores públicos que fomentan la impunidad de los tratantes de personas y otros delincuentes.

Marzo 5 de 2014.

TRC

©

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