El “Heaven” y una desaparición poco celestial

Se ha cumplido más de una semana desde que 11 personas fueron reportadas como desaparecidas a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (“PGJDF”) y pocas son las respuestas mientras las preguntas se multiplican.

Los hechos:

Personas que dicen ser del “barrio bravo” de Tepito, se manifestaron desde la semana pasada en diversas ocasiones, señalando que el 26 de mayo de 2013, 11 personas fueron ilegalmente privadas de la libertad por un “comando” de sujetos embozados, quienes portando armas irrumpieron en el bar “Heaven” (cielo, en castellano) también conocido como “Bicentenario”.

La PGJDF informó oficialmente que recibió en el Centro de Atención a Personas Extraviadas y Ausentes (“CAPEA”) la declaración de un individup que dijo haber presenciado los hechos en los que las personas embozadas sacaron del bar “Heaven” a 11 individuos (hombres y mujeres) para llevárselos en 3 camionetas distintas. No obstante, la PGJDF no ha logrado la ratificación de la declaración de esta persona, ya que supuestamente proporcionó datos falsos y no ha podido localizársele desde su primera declaración. Se sabe que el nombre con el que se presentó es Zoé Pedraza.

Familiares, vecinos y amigos de las personas desaparecidas se han manifestado, tanto en las inmediaciones de Tepito (en la zona centro del Distrito Federal) como a las afueras de las oficinas de la PGJDF.

Es de hacer notar que hasta la mañana de hoy, 4 de junio de 2013, no hay prueba alguna de que las personas desaparecidas en efecto se hayan encontrado en el interior del antro conocido como “Heaven”; tampoco hay evidencia de que un “comando armado” haya tenido participación en los hechos o que haya ocurrido algún enfrentamiento con armas de fuego, hasta donde se sabe.

 

Personas que desaparecieron, presuntamente se encontraban en el bar/centro de narcomenudeo "Heaven" en el Distrito Federal (MEX).
Personas que desaparecieron, presuntamente se encontraban en el bar/centro de narcomenudeo “Heaven” en el Distrito Federal (MEX).

Entonces ¿qué se sabe?

Se sabe que el “Heaven” operaba al margen de la ley por varias razones, la primera de ellas porque (según La Jornada) se permitía el acceso a menores de edad y no se cumplía con la regulación en materia de Protección Civil. La fuente en comento identifica a Ernesto Espinoza Lobo como el dueño del “Heaven”. Otras fuentes identifican que el nombre del presunto dueño del tugurio en cuestión es Ernesto Espinosa Lobo. Mario Alberto Rodríguez Ledezma (o Ledesma) es uno más de los sujetos que ha sido identificado como dueño o copropietario del tugurio en cuestión.

Otros diarios señalan que el “Heaven” (que utiliza también la denominación de “Centenario”) es identificado como un punto de venta de estupefacientes o de “narcomenudeo”, explotado por la organización delictiva conocida como “La Unión”.

Y eso ¿en qué ayuda?

La respuesta corta es: en poco. Desde hace años es conocido el modus operandi de las autoridades gubernamentales ante los casos de alto impacto mediático, en los que se busca tildar a las víctimas de “narcos” o se quiere dar la impresión de que “andaban en malos pasos”, todo ello para buscar minimizar las implicaciones de los hechos violentos.

¿De qué sirve el C4?
¿De qué sirve el C4?

La verdad es que el caso “Heaven” ha traído nuevamente a debate temas de vital importancia para el Distrito Federal. En primer término, desde luego, la violencia e inseguridad que se vive en las calles (y en los antros) de la ciudad, una ciudad en la que 11 personas (sean o no delincuentes) pueden desaparecer sin que haya rastro alguno. Entonces ¿De qué sirven los cientos de cámaras de video que se han instalado y que son “monitoreadas” desde el lisonjeado C4. Nuevamente, de poco. El gobierno del D.F. así como su policía sistemáticamente se niegan a divulgar los videos que capturan las cámaras, salvo que sea para glorificar el trabajo de “las fuerzas del orden” a través de los noticieros de Televisa o TV Azteca.

Sin importar si alguna de las 11 personas desaparecidas (o 12, según algunas fuentes) ha incurrido en hechos delictivos o no, es obligación del Estado garantizar su seguridad; si alguno de ellos ha delinquido, es también obligación del Estado presentarlo ante los tribunales para que sea sometido a un juicio justo.

Si eventualmente se comprueba que un grupo armado intervino en la privación de la libertad de las 11 personas en mención, se habrá comprobado lo que metódicamente Miguel Ángel Mancera (PRD) insiste en negar: la delincuencia organizada opera sin control en del Distrito Federal.

La responsabilidad de la sociedad

La irregularidad con que operan los establecimientos mercantiles conocidos como “centros nocturnos”, antros, o “giros negros”, es el otro tema que sale a relucir con el caso “Heaven”. Es conocido por todos los capitalinos que la mayoría de estos lugares opera al margen de la ley, ya que brindan servicio en horarios distintos a los permitidos, no cuentan con salidas de emergencia, no tienen estacionamiento propio, permiten la entrada a menores de edad aunque se vendan bebidas alcohólicas, incurren en actos de discriminación hacia los usuarios por su apariencia o condición social, etcétera.

Una o varias de las irregularidades mencionadas existen en (me atrevo a decir) en el 95 % de los “centros nocturnos” del Distrito Federal, sin embargo continúan operando debido en primera instancia a la demanda de la sociedad y desde luego a la corrupción, profundamente arraigada en el sistema político mexicano.

Si la corrupción parece ser un fenómeno muy difícil de atacar, la sociedad debería asumir su parte de responsabilidad en el tema y buscar reducir la gran demanda que hay por establecimientos mercantiles “¡que cierren hasta las 11 de la mañana güey!”, en donde “no dejen entrar a los nacos”, “no piden identificación” o “donde el de la cadena te deja entrar si traes mini falda”. Mientras ello no ocurra, los casos “Lobohombo”, “News Divine”, “Bar-Bar” y “Heaven”, en los que es evidente la corrupción de las autoridades y su incapacidad para hacer cumplir la ley, seguirán repitiéndose y la gente no podrá más decirse sorprendida.

 

"¡Hay que seguirla güey!, yo conozco un lugar donde no te piden identificación".
“¡Hay que seguirla güey!, yo conozco un lugar donde no te piden identificación”.

Junio 4 de 2013.

 

TRC
©

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