Después del Calderonato

 

Breves reflexiones sexenales

 

Llegó diciembre del año 2012 y con ello el inicio de un nuevo sexenio, de un nuevo gobierno federal encabezado por Enrique Peña, postulado por el Partido Revolucionario Institucional (“PRI”) ese “viejo dinosaurio” a quienes muchos indoctos gustan de culpar de absolutamente todos los males que aquejan al país, tras 70 años en el poder.

 

No importan a las presentes reflexiones las circunstancias en las que Peña resultó electo, sino únicamente las circunstancias que definieron e identificarán hacia el futuro la gestión de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa.

 

Lo bueno

 

Tratándose de lo más reciente, es justo reconocer la transición del poder como un acierto en la operación política de Calderón; sus múltiples reuniones (públicas y privadas) con el entonces presidente electo y su equipo, permitieron una sucesión presidencial aparentemente tersa y sin contratiempos mayores.

 

Calderón y quien le sucedería en el cargo, tuvieron tiempo y espacio (de sobra tal vez) para afinar los detalles y los términos en los que se daría la sucesión; eso en mi opinión es destacable e incluso sin precedentes en el país.  Al menos las últimas 2 sucesiones presidenciales no pueden presumir tal grado de organización. Dicha organización evidencia una estabilidad que no todas las naciones latinoamericanas han logrado proyectar en los últimos lustros.

 

Otro acierto durante la gestión de Felipe Calderón fue el manejo de las relaciones exteriores, que habían sufrido varios desaciertos en la administración anterior; la permanencia de Patricia Espinosa al frente de la secretaría del ramo por todo lo que duró el sexenio fue una muestra de consistencia y solidez.

 

Para mi gusto, el principal beneficio del sexenio que termina fue la extinción del organismo descentralizado Luz y Fuerza del Centro, que representaba uno de los más claros ejemplos de las desventajas que conlleva el putrefacto sindicalismo mexicano. La tarea por controlar este poder salvaje, sin embargo, no está concluída.

 

Adicionalmente, creo que Felipe Calderón en distintas ocasiones se alejó del guión que se les conoce a los presidentes mexicanos, se “abrió de capa” y no dudó en mostrar su “lado humano”, una faceta digamos más sensible; como ejemplo de ello cito dos momentos, el primero cuando recibió a Javier Sicilia y compañía para escuchar de viva voz los reclamos de quienes han perdido a sus familiares a causa de la violencia; la voz de Calderón se cortó en más de una ocasión en aquél evento y no dudó en increpar a Sicilia cuando éste le sugería crear nuevas instituciones (“ciudadanas”) contra la delincuencia. Prefiero su reacción visceral e incluso coloquial a la demagogia.

 

Felipe Calderón besa la banda presidencial antes de entregarla a su sucesor. Diciembre de 2012.
Felipe Calderón besa la banda presidencial antes de entregarla a su sucesor. Diciembre de 2012.

 

En el día de la entrega de la banda presidencia, Calderón la besó, mostrando así cierta nostalgia por dejar el cargo, un gesto que normalmente los mandatarios evitan a toda costa.

 

Lo malo

 

Aunque la transparencia y la rendición de cuentas fueron conceptos que se repitieron prácticamente en todos los discursos pronunciados por Felipe Calderón, lo cierto es que durante su gestión diversas dependencias y entidades de la administración pública federal incurrieron en todo tipo de argucias y artimañas para violar el derecho fundamental de acceso a la información.

 

Por ejemplo, el Servicio de Administración Tributaria impunemente se abstuvo de entregar los nombres de las personas a las que les fueron “cancelados” créditos fiscales por cantidades multimillonarias, desestimando por completo el fallo del órgano garante en la materia; la Secretaría de la Función Pública negó el acceso a información pública relativa al patrimonio del otrora presidente Vicente Fox, sin que se fincara responsabilidad administrativa alguna.  La lista de ejemplos en este tema podría prolongarse por varios párrafos más, pero estimo que estos dos son suficientes para demostrar que el “compromiso con la transparencia”, existe solo en el dicho, no en los hechos.

 

Otro desatino lo encontramos en la muy comentada “Reforma Penal” o “Sistema Penal Acusatorio”; reforma al texto constitucional que se hizo pública mediante decreto de junio de 2008 (hace más de cuatro años) y que se encuentra lejos, muy lejos de implementarse por completo.  Si bien Calderón logró los acuerdos políticos para reformar el texto constitucional, fue ineficaz para lograr aquellos que permitieran la modificación de los ordenamientos relativos, o su abrogación por nuevos que respondieran a las necesidades actuales.

 

Aunque Calderón presume como un gran logro de su administración la “cobertura universal” en temas de salud y seguridad social, la verdad es que los servicios de salud que provee el Estado siguen siendo insuficientes en demasía, precarios en muchas localidades y muy lejos de ser satisfactorios o cercanos a merecer el título de “universales”.  La verdad es que en México los servidores públicos de alta jerarquía siguen siendo atendidos en hospitales privados (porque conocen las deficiencias que se viven en los públicos) o del fuero militar, a los que la ciudadanía no tiene acceso.

 

Cartón de Rocha para La Jornada (enero de 2012).
Cartón de Rocha para La Jornada (enero de 2012).

 

El gabinete de Calderón logró que el Instituto Mexicano del Seguro Social no “reventara” o cayera en una escandalosa quiebra, sin embargo los expertos aseguran que esta es inminente y que la administración que hoy se va sólo logró posponer lo inevitable; lejos de ser un acierto, me parece que refleja el modus que prefiere para gobernar la clase política mexicana (esperar a que la bronca le reviente a quien les sucederá en el cargo).

 

Lo peor

 

MEXICO war on drugsSin lugar a duda, el Calderonato (como le gusta llamar al sexenio 2006-2012 a algunos expertos) no será recordado como “el sexenio del empleo” o “el sexenio de la cobertura universal en salud”, tampoco como “el sexenio de la infraestructura”; no, a este período de le recordará invariablemente por la guerra que el mismísimo Calderón declaró a la delincuencia organizada, aunque después matizara sus declaraciones para hablar de lucha u otros términos similares.

 

La guerra de Calderón cobró la vida de al menos 58,200 personas[1] según las fuentes más conservadoras; aunque el gobierno saliente pretendió enmascarar dicha cifra hablando de “muertes por rivalidad delincuencial” la única verdad es que en cualquier régimen que se jacte de ser democrático y apegado al derecho, las ejecuciones extrajudiciales, los enfrentamientos entre cárteles y “fuerzas del orden” jamás serán sustitutos del debido proceso y el adecuado desarrollo de la justicia.

 

Cartón de Helguera para La Jornada (diciembre de 2012).
Cartón de Helguera para La Jornada (diciembre de 2012).

 

Una guerra que para muchos no es más que una simulación ante la inminente comercialización de estupefacientes (marihuana), incluso de manera legal en los Estados Unidos de América.

 

Para el infortunio de Calderón, la historia lo juzgará, aunque será únicamente ésta y no (al menos no se antoja factible por el momento) una corte nacional o internacional. Su empeño por “agarrar a escobazos el panal” utilizando instituciones podridas por la delincuencia y a servidores públicos altamente cuestionables como Genaro García Luna y Luis Cárdenas Palomino, difícilmente podrá ser justificado y absuelto.

 

La sistemática violación a derechos fundamentales en el marco de la multicitada guerra, así como las agresiones sin control a periodistas en el ejercicio de sus funciones, son antecedentes que no pueden ser desestimados y deberán figurar en toda crónica o remembranza seria y objetiva que se haga del gobierno de Calderón.

 

En atención a las reflexiones anteriores, el balance del sexenio en que gobernó Felipe Calderón no puede tildarse como positivo, aunque debe reconocerse que pudo ser peor, mucho peor.

Diciembre 1 de 2012.

TRC

©

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