Sobre la llamada “reforma laboral”

 

 

A petición de algunos de los lectores asiduos a este espacio informativo, de entretenimiento y opinión, me referiré a un tema que ha ocupado la agenda pública en las últimas semanas en México: la iniciativa preferente remitida por el titular del Poder Ejecutivo Federal para reformar disposiciones de la Ley Federal del Trabajo, así como el dictamen con proyecto de decreto correspondiente, emitido por los legisladores de la Cámara de Diputados (nótese que ambos asuntos son identificados por el vulgo, sin distinción alguna, como la “reforma laboral”).

 

En principio es pertinente destacar que se trata de una propuesta de reforma a la Ley Federal del Trabajo (que se remonta a abril de 1970) que formuló el aún Presidente Felipe Calderón y que fue turnada a la Cámara de Diputados para su estudio, discusión y aprobación.

 

La Cámara de Diputados ha discutido la propuesta de reforma del titular del Poder Ejecutivo y ha enviado a la Cámara de Senadores un proyecto de dictamen sobre el tema, ya que en un sistema político como el mexicano, el presidente no puede ordenar una reforma a la ley a su conveniencia o capricho; el Poder Legislativo (diputados y senadores) es el facultado para hacer las reformas.

 

La Ley Federal del Trabajo de 1970, aún vigente, es un cuerpo normativo con más de 1010 artículos, que indistintamente contienen disposiciones sustantivas y adjetivas, es decir, versa sobre cuáles son los derechos y obligaciones al igual que la manera en que estos pueden hacerse valer ante las autoridades.

 

La “reforma laboral” no separa estas disposiciones en dos cuerpos normativos, es decir, no hay dos leyes o códigos, sino que se “hereda” el sistema actual en el que preceptos sustantivos y adjetivos coinciden en un mismo ordenamiento.

 

Muchos periodistas, analistas y juristas han expresado su opinión sobre la reforma ¡plausible! Sin embargo es pertinente hacer notar que el tema reviste una complejidad que no puede desestimarse, y la emisión de opiniones o juicios de valor puede resultar engañosa para quienes no se encuentran familiarizados con el texto de la ley vigente y menos aún con la que se encuentra sometida a discusión.

 

Cartón de Fisgón para “La Jornada”.

 

 

¿De qué va la reforma?

 

En concreto:

 

– Se contienen definiciones y expresiones demagógicas como “trabajo digno”, al igual que declaraciones incluyentes y en contra de la discriminación.

 

– Se incluye y define el “régimen de subcontratación”, que en la práctica ha existido desde hace varias décadas. El uso doloso de la subcontratación (en perjuicio del trabajador) implicará una sanción pecuniaria de hasta 5000 veces el salario mínimo.

 

– Se crean nuevas formas de contratación adicionales a las ya existentes, siendo novedosos los contratos por temporada y los sujetos a un período de prueba o capacitación.

 

– Durante la relación de trabajo en período de prueba, el trabajador disfrutará del salario y de las prestaciones de la categoría o puesto que desempeñe. Así, es falso que la “reforma laboral” deja sin prestaciones a los trabajadores que están a prueba.

 

– Si un trabajador presta sus servicios sujeto a un período de prueba o capacitación y al concluir dicho período subsiste por cualquier causa la relación de trabajo, ésta se considerará por tiempo indeterminado y la vigencia de la relación se computará para efectos de antigüedad.

 

– No se permite que a un trabajador le sean aplicados períodos de prueba o capacitación simultáneos o sucesivos, de manera que el patrón no podrá emplear dichas formas de contratación para evadir sus responsabilidades.

 

– Se incorpora la modalidad de pago por hora trabajada, no obstante, subsiste la determinación de una jornada máxima (que no podrá excederse) y el ingreso que se perciba en esta modalidad en ningún caso será inferior al que corresponda a una jornada.

 

– En caso de litigio por la terminación de relaciones laborales, los llamados salarios caídos se computarán hasta por un año. Actualmente estos se computan ad infinitum o hasta que concluya el juicio.

 

– Se crean sanciones pecuniarias a los abogados, litigantes o representantes que en juicio promuevan actuaciones notoriamente improcedentes con la finalidad de prolongar u obstaculizar la resolución de un juicio.

 

– Para el trabajo doméstico, se establece un descanso semanal de día y medio ininterrumpido, preferiblemente en días sábados y domingos.

 

– Se derogan las disposiciones referentes a las Juntas de Conciliación (locales y federales), organismos hoy en desuso que han sido sustituidos por las Juntas de Conciliación y Arbitraje.

 

– Los litigantes y/o asesores legales que comparezcan a juicio, deberán acreditar ser abogados o licenciados en derecho con cédula profesional o personas que cuenten con carta de pasante vigente para ejercer la profesión. Con el texto aún vigente de la ley, cualquier persona, sin importar su preparación profesional o la falta de esta, puede litigar asuntos laborales, dando lugar a la práctica conocida coloquialmente como “coyotaje”.

 

– Se establecen disposiciones expresas sobre la intervención de los “terceros interesados” en los juicios.

 

– En materia de medios de prueba, se reconoce como tales a las cintas cinematográficas, registros dactiloscópicos, grabaciones de audio y de video y mensajes de correo electrónico, entre otros a los que la ley vigente no hace referencia.

 

Para mayor detalle se recomienda una lectura minuciosa de las 221 fojas que integran el dictamen en cuestión, que como se ha dicho, se encuentra sometido a discusión de la Cámara de Senadores.

 

Cartón de Hernández para “La Jornada”.

 

 

Y bien, la reforma laboral ¿es buena o es mala?

 

En lo personal estimo que no se trata de la reforma laboral que los expertos laboralistas sugieren, ni la que el país necesita, ya que simplemente se “remiendan” (no enmiendan) algunos vacíos que existen en la legislación vigente o se subsanan ciertas deficiencias de técnica legislativa. Algunas de las disposiciones ciertamente brindan actualidad al texto de la ley pero no es algo que la jurisprudencia no haya resuelto antes.

 

 

 

En última instancia, no es mi opinión la que importa, sino la que el lector y el público en general habrán de forjar respecto a este tema, conociendo los puntos medulares y no la “satanización” o “glorificación” que se hace en los medios de comunicación sobre esta reforma. En un ánimo de ayudar a construir esta opinión, me atrevo a sugerir que quien lo busque se formule primero los siguientes interrogantes:

 

Con las nuevas formas de contratación ¿se vulnera a la clase trabajadora? Tomando en cuenta que el uso doloso de los nuevos regímenes de contratación se encuentra sancionado, y que la prórroga de estos devendrá en una relación de trabajo por tiempo indeterminado.

 

Las definiciones demagógicas e incluyentes que se proponen ¿en realidad garantizarán la no discriminación de las minorías?

 

Las nuevas formas de contratación al igual que los “remiendos” al derecho procesal del trabajo ¿fomentarán la generación espontánea de millones de empleos? ¿atraerán por sí mismas inversión extranjera al país?

 

El hecho de que en juicio los salarios caídos se computen sólo por un año ¿en realidad fungirá como catalizador para que los juicios laborales se resuelvan más rápido? ¿no suena a que ocurrirá todo lo contrario?

 

Si usted es patrón: ¿se siente más cómodo y respaldado con la reforma propuesta?

 

Si usted es trabajador ¿considera que la reforma facilitará su despido y/o le dejará sin prestaciones?

 

Si usted es desempleado ¿qué prefiere? ¿conseguir un trabajo remunerado con prestaciones sujeto a un período de prueba o capacitación? o ¿prefiere permanecer en el desempleo?

 

Si usted es estudiante o estudioso de temas legales ¿considera que lo que se necesita es una reforma al texto constitucional y como consecuencia, la abrogación de la Ley Federal del Trabajo de 1970? ¿considera que separar las disposiciones sustantivas y adjetivas en materia de trabajo en dos ordenamientos distintos sería más práctico?

 

Y por último ¿cuándo o en qué “reforma” se debatirá sobre la opacidad sindical y el poder salvaje que las leyes actuales fomentan entre los líderes sindicales?

 

Mientras se piensa en las respuestas conviene recordar que la “reforma laboral” esta hoy “en cancha” de los senadores, quienes en los próximos días habrán de discutirla y en su caso aprobarla, de manera que la Ley Federal del Trabajo promulgada en tiempos del controvertidísimo Gustavo Díaz Ordaz permanece en vigor.

 

“Cada quien mata a las pulgas a su manera”: Díaz Ordaz.

 

Octubre 4 de 2012.

 

TRC

 

©

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