El fracaso del sistema penitenciario en México

 

 

Una vez más, el fracaso del sistema penitenciario nacional es tema de conversación. Una vez más, será olvidado por meses… hasta la próxima fuga.

 

La fuga de 132 internos de un centro de reclusión en la fronteriza ciudad de Piedras Negras, Coahuila, ha detonado nuevamente entre la opinión pública una serie de observaciones sobre el sistema penitenciario mexicano y sus deficiencias.

 

Si bien el número de internos fugados fluctuó al cabo de las horas y de las “investigaciones” (pues se supo que algunas personas a final de cuentas no se fugaron, pero estaban escondidas en el área de visita íntima del penal), la cantidad en este caso es lo de menos. El dato relevante es que los conocidos como “centros de readaptación” a cargo de administraciones locales, siguen albergando sin distinción ni división a probables responsables y a delincuentes sentenciados, del fuero local y del federal, en condiciones de hacinamiento e insalubridad.

 

Dicha circunstancia favorece el tráfico de sustancias ilegales, el cobro por “pase de lista”, los importes por “rancho y fajina”, el contrabando y en última instancia, la corrupción, madre de todos los problemas que aquejan al sistema de justicia en México.

 

 

Los titulares de los gobiernos locales dicen que “se hace lo que se puede”, aunque en los hechos, es evidente que han dado la espalda al caldo de cultivo que son los centros de reclusión, pues históricamente los recursos asignados son absurdamente insuficientes y las personas que se designan a cargo de dichos centros son en la mayoría de los casos inexpertas, por decir lo menos.

 

Si bien es cierto que no se puede readaptar lo que no había estado adaptado (Susana Barroso dixit), también lo es que el problema no puede ser resuelto si no es reconocido[1].Viene al caso lo anterior ya que en esta época de campañas políticas permanentes, ningún gobernante ha dado la cara para reconocer la profunda crisis que envuelve a los centros de reclusión, ni siquiera en el ámbito local. Por el contrario, servidores públicos que “van de salida” como Marcelo Ebrard, se auto-elogian, sin rendir cuentas a nadie por la paupérrima situación en que dejan las cárceles.

 

Y es que los internos en los centros de reclusión no votan… y a la mayoría de los electores ¡no les importan! Pero sí les gusta quejarse cuando son robados, por un sujeto (supuestamente readaptado) que en la mayoría de los casos es reincidente.

 

Del fuero federal ¡ni hablar! Ya que los servidores públicos de la Federación se ven satisfechos sólo con que no ocurra otra fuga como la de Puerta Puente Grande, evento en el que se fugó (o se le permitió salir a) Joaquín Guzmán Loera alías “El Chapo” y se “lavan las manos” de todo lo que ocurra en el fuero local.

 

Total, que para ellos “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”, sin reparar en que “como dicen una cosa dicen otra”, acostumbrados a que en un sistema de rendición de cuentas basado en escándalos (como el actual) sólo hay que esperar a que “se calmen las aguas” y esperar al siguiente.

 

Mientras tanto los estudios de John Howard, Jean Mabillon, Jeremy Bentham y otros permanecen ignorados por los encargados de las cárceles mexicanas, haciendo de la readaptación (o reinserción, como dice ahora el texto constitucional) una promesa falaz.

 

Septiembre 19 de 2012.

 

TRC

©


[1] Granados Chaverri apuntó en 1991 (refiriéndose al sistema penitenciario mexicano) que el primer paso hacia la solución de una crisis es el reconocimiento de la misma.

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