15 de septiembre ¿celebrar o no hacerlo?

Nuevo escudo nacional mexicano
Image by MSNBC

 

¿En verdad todavía se lo preguntan?

 

Mucha gente en México se prepara para celebrar este 15 de septiembre un aniversario más del inicio del movimiento de independencia (aunque este haya iniciado el 16 y no el 15, según la historia normalmente aceptada).  Cada quien festejará a su manera, pero festejará al fin, ya sea reuniéndose en casa con la familia, asistiendo a algún restaurante o bar, o bien, saliendo a las calles a participar en alguno de los actos masivos en que algún servidor público representante del Poder Ejecutivo (a cualquiera de sus niveles) emule el “grito de independencia”.

 

En opinión de este joven estudiante, existen razones de sobra para no celebrar esta ocasión en un país con preocupantes índices de pobreza y desempleo, que se encuentra en medio de un conflicto armado que ha cobrado la vida de alrededor de 40,000 personas y que para colmo cuenta con instituciones corruptas y putrefactas, que en los hechos procuran la opacidad y la impunidad de la clase política sin ningún respeto por la ciudadanía, aunque en el discurso se empeñen en decir lo contrario hasta el cansancio.

 

¡Viva México!

 

 

Así que no, yo no celebraré, y no me abstendré de celebrar por falta de amor a mi país, sino todo lo contrario.  En una conversación entre buenos amigos ayer les comentaba que en mi opinión lo que México necesita es gente que ame a su país, que esté dispuesta a trabajar por él y a permanecer en él.  Me respondieron que eso sonaba a nacionalsocialismo, a fascismo, lo cual negué rotundamente, como lo hago ahora.

 

El amor a la patria puede pervertirse, sí, como se ha pervertido a través de la historia, pero se trata de una perversión indeseable en este caso, y no una consecuencia inminente.  Amar a un país (más un país como México) no necesariamente significa hacer la guerra, ni ser xenófobo, excluyente e intolerante.

 

Considero que el amor al país en un caso como el de México, implica en primer término un reconocimiento de la profunda gravedad de la situación actual (como lo hizo la UNAM); una determinación personalísima a no formar parte de la cultura de la ilegalidad, a apartarse de la simulación y las prácticas truhanes de antaño con que se erigió la clase política actual y adoptar la voluntad para ocuparse de generar el cambio que el país necesita primero en los círculos más cercanos de cada persona.

 

Dignos y finísimos representandes de la clase polítcia mexicana en la actualidad

 

 

La reflexión, la concientización y la difusión de ideas son indispensables en un contexto como el actual para sobreponerse a la adversidad. 

 

Tal vez no vivamos hasta el día en que la victoria sea proclamada, pero sí podemos actuar ahora, para morir con la convicción de que peleamos hasta el fin y de que trabajamos por un país mejor.

 

Septiembre 15 de 2011.

 

TRC

 

©

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