México marcha

Note: To read about the protests against violence in Mexico (in English) from Global Voices Online, click here! (Translation by Kitty Garden).

México marcha, se manifiesta, grita, llora, y exige… aunque aún no queda muy claro qué

 

Ayer miércoles 6 de abril de 2011, miles de personas a lo largo y ancho de la República Mexicana salieron a las calles a marchar, a manifestarse en contra de la desmesurada ola violencia que aqueja al país.  La organización ciudadana que incluso trascendió a las fronteras e implicó manifestaciones en otros países como Francia, Canadá, España y Argentina, mereció hoy mención en la primera plana de diarios de circulación nacional como El Universal y La Jornada.

 

No podemos dejar de mencionar que este “clamor ciudadano” se reavivó por el lamentable homicidio del hijo del periodista y poeta Javier Sicilia (quien convocó a las movilizaciones), acaecido a finales de marzo de este año en Morelos.

 

Es evidente que la manifestación de los ciudadanos, sus marchas, sus pancartas, sus consignas tienen el objetivo de expresar su desacuerdo con la violencia que se vive en el país, no obstante, no queda del todo claro cuál es la exigencia de fondo que formula el colectivo: ¿Que renuncie el presidente, que se le enjuicie? ¿Que se pacte con los delincuentes? ¿Que se revise la estrategia? ¿Todas las anteriores?

 

Interpretación. Cartón de Magú para La Jornada

Javier Sicilia, de alguna forma se sumó al grito de “¡si no pueden, renuncien!” que en meses pasados profirió Alejandro Martí, otro padre que sufrió el homicidio de su hijo.  Según La Jornada, la consigna particular de Sicilia a los servidores público es “si no son eficientes deben irse”.

 

El periodista, analista y bloguero Jenaro Villamil reportó:

 

Tres jóvenes  portaban unas camisetas que parecían resumir el contagio del tsunami generacional que ha llegado a este país: “Egipto, Túnez, Yemen y ahora México”. Otros portaban los carteles con el logo “¡No más Sangre!” y “Ni un muerto más”. Y los del Foro Alicia imprimieron cartulinas con la frase: “Paremos las Balas”.

 

El tono opositor a la guerra contra el narcotráfico fue el tono predominante de la marcha capitalina y de la mayoría que se realizó en ciudades como Nueva York, París, Barcelona, Buenos Aires o Vancouver.

 

Estimo que la exigencia al cese a la violencia , debe venir acompañada de propuestas claras y realistas.  Considero irresponsable por parte de los inconformes comparar lo que ocurre en Egipto, Túnez, Yémen y otros países con lo que sucede en México, por varias razones, la primera y más evidente es que en México no se busca derrocar a un gobierno o dictadura, o si lo buscan algunos de los manifestantes, no son todos.  En ese mismo orden de ideas, en este país la cantidad de gente que sale a las calles a expresar su descontento, es menor.  Si la mayoría repudia las acciones del gobierno, hasta hoy no lo ha demostrado ni en las calles, ni en las urnas, que es donde hablan las democracias.

 

Algunos proponen que el alto a la violencia provenga de un acuerdo o pacto con la delincuencia, bajo el alegato de que “así se hacía antes y estábamos mejor”.  Al respecto, me pareció interesante el aporte del Dr. Carbonell quien en su columna de hoy denuncia que Javier Sicilia propuso en una entrevista que el gobierno pactara con los criminales para terminar con la violencia de los últimos años.

 

Cuento de hadas. Cartón de Fisgón para La Jornada

Sobre el tema el reconocido jurista apunta:

 

Si pactamos con los narcotraficantes luego reclamarán un acuerdo los secuestradores, y luego los contrabandistas, los defraudadores, los ladrones y hasta los violadores. ¿Con qué legitimidad podría el Estado decirle a un pequeño ladrón que se va a ir a la cárcel por haber asaltado un pequeño comercio, cuando deja de perseguir a quien ha matado o secuestrado a docenas de personas?

 

Es comprensible que luego de varios años con un crecimiento exponencial de la delincuencia, la población mexicana trate de buscar una salida fácil.  El desánimo y la frustración son compartidos por millones de persona, en todo el territorio nacional.  Son cientos de miles las víctimas de una política de combate al delito que parece haber sido diseñada con una negligencia difícil de superar.

 

Serias aseveraciones las que presenta Carbonell, sin embargo, no insinúa ni exige que se derroque al gobierno, que se enjuicie al presidente, ni cosas por el estilo.  Su crítica contundente viene acompañada de una propuesta:

 

Lo que debe hacer el Estado es cortar el flujo de armas que entran ilegalmente al país y atacar con herramientas de inteligencia financiera el poder económico de los cárteles.  Si disminuimos su capacidad armamentística y cortamos el flujo de dinero que reciben, habremos dado un gran paso para equilibrar la cancha.  A partir de ahí, el Estado de derecho podrá comenzar a imponerse.

 

Finalmente sentencia:

 

Lo que debemos demandar es que cese la violencia de una vez por todas, pero no a costa de que ahora gobiernen los narcos.  No se trata de salir del fuego para caer en el infierno.

 

Considero que esas son las voces que deben ser escuchadas y no aquellas que convocan y que hacen ruido en las altas esferas del poder, pero que expresan frases estériles, imprecisas o confusas.  En otras palabras, quiero decir que dudo que los miles de personas que respondieron ayer al llamado de Sicilia consideren que es correcto pactar con los delincuentes, y quienes así lo crean, seguro ignoran las implicaciones de su decisión, pero se pierden en las pasiones de la multitud.

 

El de ayer es en mi opinión un ejemplo de cómo en México muchas veces se marcha sin saber las implicaciones de lo que se exige.

 

Abril 7 de 2011.

 

TRC

©

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