¡Basta de sangre!

No más sangre
Imagen por Alejandro Magallanes

 

Independientemente de quien haya iniciado la campaña, o quien se una a ella en el futuro, en este blog siempre se estará a favor del cese a la violencia en México y de un alto al fuego y a las prácticas que generan víctimas inocentes a las que convenientemente se les identifica como “daño colateral”.  No más violencia, no más impunidad, no más corrupción, no más delincuencia, no más sangre.

 

Don’t become a monster in order to defeat a monster.

 

TRC

One comment

  1. La campaña ¡Ya basta de sangre!, un episodio más de la impotencia emotiva estacional.
    (http://virtuosocivico.blogspot.com/2011/01/la-campana-ya-basta-de-sangre-un.html)

    Cuando se tiene una convicción se le defiende, se argumenta y se empeña el pundonor. Voy a dar mis razones de por qué este tipo de campañas despiertan incluso un rechazo fisiológico en mí. No me interesa perderme en los nombres de los gestores de este tipo de tinglados, que terminan en un gregarismo de comparsa. Lo mío es la congruencia de por lo menos un manifiesto con acciones cívicas concretas, lo que no suele exhibirse en estas iniciativas de afectada indignación.

    La única consigna o la más conspicua es al parecer un ¡estamos hasta la madre! , y hay que volver esto –según se colige- calcomanía en carros, ventanas, supongo que viviendas, nalgas, frentes y lo que proceda.

    Yo soy el primero en repudiar como lo he manifestado inequívocamente en distintos textos de El Virtuoso Cívico, la figura presidencial y la discrecionalidad constitucional que la investidura le confiere. El efímero mandatario actual –con la complicidad de la partidocracia en sus respectivas tajadas de poder gubernamental, mantiene el dogma de que la seguridad de la Nación reside en el ejército y en la policía, y que el ciudadano debe permanecer inerme (¡sin armas!) y sin posibilidades colectivas de defensa.

    ¡Se le exhorta a que denuncie todo aquello que lo haya vejado, baldado o causado muertes en su hogar y en su entorno, y de preferencia anónimamente por temor a represalias que ninguna autoridad puede impedir! ¡Todo antes que poder defenderse y vulnerar, incluso mortalmente, a los criminales que atenten contra la vida comunitaria solidaria y equilibrada!

    ¿Qué no estipula nuestra Carta fundacional que todo ciudadano–uno de cuyos aspectos constitutivos es el ejercer un modo honesto de vivir, para nada considerado como requisito en el padrón electoral- debe alistarse, si está apto para ello, en la Guardia Nacional? ¿No le cantamos a la Patria en nuestro himno que un designio celestial le ha dado en cada uno de sus hijos a un soldado?

    ¿Entonces por qué tan grotesca y dolorosa indefensión? Por la avaricia y la sed de poder de grupos hegemónicos con nombre y apellido, que hoy mantienen a la vida municipal en la indefensión, el abismo educativo, la falta de prosperidad, y la necesidad de emigrar hacia la desolación y el desarraigo.

    Por la avaricia y la sed de poder que siguen contribuyendo a la tumefacción de nuestras metrópolis -donde lo que prevalece son los cordones de arrabal de origen rural- con inagotables obras de infraestructura sostenidas con el garrote del granadero y el señuelo de consolación a quienes se despoja de vivienda, árboles y lo que convenga “al interés público”.

    La clase política como mentalidad es el cáncer del país. Los gobernantes logreros, de notario público, de mesianismo adocenado, de nostálgico recuerdo gubernamental de lo que no fue sino vulgar corporativismo y saqueo sexenal recurrente, con la complicidad de consanguinidades empresariales de estanco y componenda.

    ¿No afirmaba un otrora prócer dinástico de la televisión oligofrénica y prostibularia , que él era un soldado del entonces partido en el poder? En México la paz social siempre ha sido el ejercicio de la represión para que el presidente tenga gobernabilidad, de modo que se facilite su negocio personal y el de los consuetudinarios grupos hegemónicos.

    ¿No es hoy un secretario de seguridad pública federal el que pontifica sobre la seguridad municipal, calificándola como sinodal, y reduciendo la honorabilidad cívica a una prueba de polígrafo bajo ese membrete incomprensible de “prueba de confianza”? Este burócrata de la seguridad acaso desconozca que la honorabilidad vecinal –sobre la que se fundó el concepto de soberanía en nuestra Nación- tiene que ver con valores de vida compartida, de crecimiento y salvaguarda comunes, sin los cuales sale sobrando cualquier construcción policial.

    Cuando el Padre Morelos redactó los Sentimientos de la Nación no había polígrafo ni se hablaba de una prueba de confianza, la confianza nace de la conducta fehaciente y pública que demuestra el que vive en comunidad. Nuestro problema es que no conformamos una Nación en sentido vivencial real y cotidiano.

    Estos membretes de ¡Ya basta de sangre!, ¡Alto a la violencia! o lo que suene bajo proclama similar, ¿qué propuesta cívica de fuerza comunitaria real proponen? ¿Se trata de exhibir todavía más a un mandatario tan mediocre y autista como cualquier otro? Si es esto, hagan solos su mojiganga, aderezenla de todas las especias de la inocuidad que tengan a bien combinar, disfruten su caminata urbana y si les da tiempo entren al Templo de la Profesa (Madero e Isabel La Católica) a rezar, no a conspirar, que para eso está la partidocracia, sus agentes gubernamentales y el alto empresariado. Y por supuesto el actual Poinsett, el influyente embajador Pascual.

    Cuando el nombre de un movimiento cívico sea Alejo Garza Tamez (¡doy por hecho que sabemos de su pundonor!), se trate de modificar nuestra organización como sociedad, reclamar nuestro derecho a las armas para defender a nuestras comunidades y nuestros bienes legítimos, traer a cuentas con efectividad al funcionario público, definir valores nacionales que nos integren en el altruismo y la buena fe, fortalecer la educación y las economías municipales, suprimir estas mafias partidistas de agobio, y estas exigencias haya que cristalizarlas en una gigantesca movilización de conciudadanos orgullosos y sin miedo, eso sí que revestirá una fuerza moral de convocatoria indubitable e irrechazable para quienes sentimos a México en la entraña.

    Si no hay una fuerza social real alrededor de estas ideas, ¿qué puede disuadir a los criminales feroces, a los burócratas envilecidos del poder gubernamental o a los beneficiarios de un dominio financiero y económico tributarios del negocio del narcotráfico con capataces sacrificables y élites inamovibles, a dejar de generar la violencia que hoy generan?

    Nada, absolutamente nada. Después de estos ¡ya basta! de pseudo unidad colectiva, suele ocurrir que la secuela criminal abra fauces más sañosas y desnude todavía más la ya de suyo siniestra indefensión cívica.

    El Virtuoso Cívico.
    nec vero habere virtutem satis est quasi artem aliquam nisi utare

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