Marcial Maciel: ¡Ni perdón ni olvido!

 

Marcial Maciel nació en México en 1920, en la entidad de Michoacán, cuna de otros “ilustres” personajes como Felipe Calderón y Leonel Godoy; cuna también de una de las más notables y sanguinarias organizaciones de delincuentes en el país, conocida como “La Familia Michoacana”.

 

En vida Marcial Maciel ejerció el sacerdocio para la iglesia católica, entre cuyos preceptos se encuentran el celibato para los sacerdotes, la castidad, la monogamia, la humildad y el respeto al prójimo.  Se desempeño como líder de la congregación conocida como “Los Legionarios de Cristo”, aunque quienes saben de sus manejos los conocen mejor como “Los Millonarios de Cristo”.

 

Hoy, después de su muerte, se sabe que Maciel gustaba se sostener encuentros sexuales con hombres y mujeres, aunque “su especialidad” era el sexo con menores de edad.  Tenía varios hijos y varias parejas sentimentales.  Cometía delitos como abuso sexual, violación y estupro, entre otros.  Maciel murió impune y protegido siempre por su iglesia y sus Legionarios.

 

¡Impune!
¡Impune!

 

Si bien es cierto que normalmente los actos privados de la gente no deben ser de nuestro interés, y estamos obligados a respetar la intimidad de cada individuo, también lo es que cuando dichos actos se encuentran sancionados por la ley penal cobran especial relevancia, pues ofenden a la sociedad, la cual debe reaccionar ya sea para la reinserción a la sociedad del delincuente, o para su inhibición absoluta (cuando no hay esperanza de reinserción).

 

Los actos privados de Marcial Maciel no sólo expusieron que era un delincuente sexual, sino que evidenciaron la putridez e inmundicia en la que se encuentra la iglesia para la que predicó.  Misma iglesia cuyos altos jerarcas encubrieron los actos delictivos de Maciel, convirtiéndose así en delincuentes (si es que no lo eran ya).

 

Fisgón para La Jornada

 

Hoy diversos medios nacionales anuncian con bombo y platillo que “Los Millonarios de Cristo” reconocen los actos ilícitos de su fundador (y hasta hace un día principal modelo a seguir); algunos dan la lectura (errónea a mi parecer) de que la congregación pide perdón.

 

En realidad se trata sólo de una reacción mediática ante un documento dado a conocer hoy en Roma, suscrito por los altos jerarcas de la congregación, encabezados por Álvaro Corcuera, en el que formalmente se habla de algunos de los delitos que cometió el fundador y otrora líder.  Un documento que contiene un supuesto ofrecimiento de apoyo y un catálogo de buenos deseos a las víctimas del difunto sacerdote.

 

La verdad de las cosas es que un comunicado oficial de cuatro cuartillas es insuficiente para reparar los daños que las conductas delictivas de Maciel causaron a un número aún indeterminado de personas.  Peor aún, un comunicado de estos deviene absurdo en el marco de nuevas averiguaciones por pederastia cometida por integrantes de la iglesia católica en diversos puntos del orbe.

 

¿?

 

La iglesia no teme y no duda al condenar y discriminar a gente por conductas como la sana sexualidad (y el uso del condón), la homosexualidad y el consumo de alcohol (entre otras conductas perfectamente legales) así que nosotros no titubeamos al condenarla abierta y enérgicamente por haber encubierto (y en algunos casos seguir encubriendo) actos nefastos y asquerosos como la pederastia, el abuso y la violación sexual, que constituyen conductas antisociales sancionadas por la ley penal.

 

Su “comunicados” o sus buenos deseos no sirven de nada a las víctimas.  Los desgarres anales, las escoriaciones y las equimosis son lesiones que físicamente pueden sanar, pero los tormentos producidos por las vejaciones y el recuerdo de un menor de edad que fue penetrado por un sacerdote adulto, en contra de la voluntad del primero, es algo que no sana, y que ni los dineros de “Los Millonarios de Cristo”, ni nada, podrá reparar.

 

Es por todo ello que hoy nos unimos al grito de ¡ni perdón, ni olvido!

 

Marzo 26 de 2010.

 

TRC

 

©

 

Con información de las versiones electrónicas de Milenio, La Jornada y El Universal

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