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México: tierra de “los Moisés Sacal”

January 12, 2012

“Hoy somos: un país de xenófobos que reclama buen trato a sus migrantes; de intolerantes que exige tolerancia a sus peculiares hábitos y costumbres; de racistas que condenan la discriminación en otras partes del mundo… Una nación de hipócritas que proclaman su patriotismo a los cuatro vientos mientras que lo minan todos los días desobedeciendo las más mínimas y elementales normas de conducta ciudadana.” Gabriel Guerra[1].

No pude resistir y me referiré al caso de Miguel Moisés Sacal Smeke; no solamente al episodio que protagonizó en julio de 2011 al insultar, vejar y lesionar a un empleado ante la mirada complaciente de los compañeros de trabajo del agredido, sino a las reacciones e implicaciones del acontecimiento.

En primera instancia debe destacarse que la opinión pública conoció de los hechos violentos en gran medida por la transmisión del video que los muestra, durante el horario estelar del noticiero de Televisa.  Es destacable porque actos de agresión, humillación, vejación y discriminación, ocurren frente a los ojos de todos los mexicanos de manera cotidiana, pero no es hasta que son exhibidos por las televisoras, que la mayoría de la población los comenta y acaso, atiende.

Es importante que estos asuntos sean hechos del conocimiento del público, sí, pero también es importante que se diga abiertamente que el comportamiento discriminador de las personas en la posición de Sacal, en México es la regla, no la excepción.  Recuerde el lector el tristemente célebre caso de las “ladies de Polanco”, sólo por mencionar uno, que igualmente llegó a casi todas las mesas de conversación del país debido a que una televisora decidió difundir la evidencia en horario estelar.

¿Y quiénes son las personas en la posición de Sacal?

No es que guste de generalizar ni encasillar, pero en este caso es muy sencillo.  Se trata de gente no necesariamente destacada en el ámbito académico, a veces tampoco en el profesional, pero sí con alto poder adquisitivo, acaudalada y con “relaciones”, amistades que les facilitan un reflector, un espacio en los medios cuando es preciso.  Gente que se ufana de encontrarse en un peldaño más alto de la escala social; gente que se jacta de acceder a centros de entretenimiento “de moda” en los que muchos otros son discriminados y rechazados; gente que se pavonea al demostrar la desigualdad social que vive un país que alberga al hombre más rico de la Tierra, pero que cuenta con municipios enteros hundidos en pobreza extrema.

Centro de entretenimiento “de moda”

Me atrevo a afirmar que por lo que he visto (y no es que lo apruebe o celebre), “México es la tierra de los Moisés Sacal”, un lugar donde el grueso de la población busca a toda costa encontrarse entre el grupo de la “gente bien”, aunque sea a costa de la discriminación, o peor aún (y como ocurre en la mayoría de los casos) de la corrupción.  Hablo de un lugar en el que las palabras “gato”, “jodido”, “indio”, “guarro”, “naco”, son escuchadas a diario, normalmente empleadas por personas para referirse a personas también, pero que se encuentran en una situación financiera menos afortunada.  Palabras por cierto que cada vez causan menos indignación, lo cual estimo alarmante.

“Aquí sólo mis chicharrones truenan”

¿Qué sigue?

Nada en realidad.  El caso Sacal nos servirá como un ejemplo más de que la justicia en este país funciona para el que puede pagar el precio de la corrupción.  Existe una gran probabilidad de que al “amparo de la justicia federal” Sacal no ponga un pie en alguno de los sobrepoblados centros de reclusión del Distrito Federal, y más aún, que ante la noticia de ayer sobre un “resarcimiento del daño”, Sacal salga de este asunto sin antecedentes penales.

Un ejemplo más de que para un empleado regular como el que en esta ocasión resultó agredido, la justicia pronta, completa e imparcial a que se refiere el texto constitucional (y que muchos gustan de identificar como “pronta y expedita”) significa que después de 6 meses de haber sido violentamente lesionado, existe la posibilidad de que reciba una compensación económica por los gastos médicos en que incurrió, todo ello como consecuencia no de que “el sistema funciona”, sino de que por alguna razón, su asunto llegó a los medios de comunicación, y la opinión pública jugó su papel.  Es claro entonces que “el sistema sí funcionó”, funcionó para Sacal quien 6 meses después de su exabrupto, expresó su voluntad de librar un cheque a favor de su víctima y dará vuelta a la página.

Reacciones

Sobre las expresiones de intolerancia a Sacal[2] no hay mucho que decir; menos de los insultos proferidos a su persona y familia.  Es sólo una irrefutable evidencia de que hay gente que al tenerlo enfrente tal vez lo vejaría y lesionaría igual que como él hizo y pregunto ¿de qué sirve? Para liberar tensiones tal vez… pero anticipo que al verle en persona, ni la mitad de quienes le insultan a través del anonimato de las redes sociales le reprocharían efectivamente la conducta en que incurrió.

En cambio, no son pocos los que aún le ven con reverencia, quienes afablemente le saludan en el club o en el restaurante y para quienes es “uno de ellos” que sólo tuvo la mala suerte de haber sido captado en un momento “de presión”.

Yo no insulto a Sacal.  Tampoco le golpearía por su antisocial conducta. Me escandaliza que sea uno más de los muchos que humillan y discriminan, no el primero y tristemente no el último.

Enero 12 de 2012.

TRC

 

©


[1] Gabriel Guerra para El Universal (Septiembre 6 de 2010).

[2] “A través de Twitter, y tan miserables, energúmenos y acomplejados como Sacal, pero ignorantes además de que los nazis los habrían vuelto jabón del Perro Agradecido, hay descocados que por el incidente de marras propalan desde ayer consignas de odio contra toda la comunidad judía.” Carlos Marín para Milenio (Enero 12 de 2012).

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